-Gracias -dijo Vanessa, y como un corderito se dirigió hacia la puerta que comunicaba con el
despacho. Sabía que él la seguiría. En cuanto estuvieron a solas, volvió a la
carga. -Las visitas inesperadas que se comportan de forma poco adecuada son
de lo más cargante, ¿verdad? - le espetó irónicamente.
despacho. Sabía que él la seguiría. En cuanto estuvieron a solas, volvió a la
carga. -Las visitas inesperadas que se comportan de forma poco adecuada son
de lo más cargante, ¿verdad? - le espetó irónicamente.
-Estás loca -replicó Zac, haciendo un esfuerzo visible por contenerse-. ¿A qué demonios crees
que estás jugando?
que estás jugando?
-No he venido a jugar, sino a pagar -con un gesto dramático, alargó la mano y
depositó unos cuantos billetes sobre el escritorio-. Esto es a cuenta del
préstamo. No puedes comprarme como si fuera una lata de judías.
depositó unos cuantos billetes sobre el escritorio-. Esto es a cuenta del
préstamo. No puedes comprarme como si fuera una lata de judías.
-¿Cómo te has atrevido a interrumpir la reunión? -preguntó Zac iracundo-. ¿Cómo has sido
capaz de montar semejante escena?
capaz de montar semejante escena?
Vanesa se puso tensa. Nunca había visto a ningún hombre tan furioso. A pesar de su tez
bronceada, estaba muy pálido; sintió que quería taladrarla con la mirada.
bronceada, estaba muy pálido; sintió que quería taladrarla con la mirada.
-Tú me provocaste -contestó-. Viniste a verme sin que yo te invitara e hiciste que me
sintiera como lo más rastrero. ¡He venido a decirte que estabas muy equivocado!
sintiera como lo más rastrero. ¡He venido a decirte que estabas muy equivocado!
-¡Vaya! ¿Ésta es la famosa Reina de Hielo? -replicó Zac secamente.
-¡Tú serías capaz de derretir los Polos! -siseó Vanessa, preguntándose por qué
parecía tan tranquilo de repente. Incluso estaba recuperando su color natural.
parecía tan tranquilo de repente. Incluso estaba recuperando su color natural.
-¿No será que tienes doble personalidad?
-¿Acaso crees que me conoces muy bien sólo porque hemos coincidido media docena de veces? -Vanessa sacudió la cabeza, y no pudo por menos que darse cuenta de que su mirada parecía quedarse prendida del movimiento de su hermosa melena. Aquel
desgraciado, pensó, estaba tan pagado de sí mismo que no podía tomar en serio a
una mujer ni siquiera cinco minutos.
desgraciado, pensó, estaba tan pagado de sí mismo que no podía tomar en serio a
una mujer ni siquiera cinco minutos.
-Nunca vi que con Leland te comportaras de este modo.
-Mi relación con él no es asunto tuyo -le interrumpió-. Créeme: nadie me ha insultado nunca como tú lo hiciste ayer.
-Me resulta difícil de creer.
Sin querer, Vanessa empezó a desanimarse. Alto y poderoso, imponente en aquel
severo traje gris, Zac la miraba sin dejar traslucir la más mínima emoción.
severo traje gris, Zac la miraba sin dejar traslucir la más mínima emoción.
-¿Desde cuándo es un insulto que un hombre admita que desea a una mujer? -preguntó implacable.
-Primero me dijiste que habías pagado el préstamo, y empezaste a presionarme con eso. ¡Eres un manipulador, eso es lo que eres! -casi gritó Vanessa, y, dándose la vuelta, se dirigió hacia la puerta.
-Todas las salidas están cerradas. De momento, no puedes salir -le informó Zac con suavidad.
Vanessa asió el pomo de la puerta y se puso a forcejar sin éxito.
-¡Abre la puerta!
-¿Por qué debería hacerlo? -se recostó en el sillón, con una expresión tan fría y amenazadora a la
vez que Vanessa hubiera deseado estrangularlo-. Por lo que parece, viniste
decidida a entretenerrne, y aunque no me gusta que me distraigan, debo
reconocer que tienes un aspecto fabuloso con ese vestido. Entenderás que quiera
saber por qué reaccionas de una manera tan melodramática a mi proposición.
vez que Vanessa hubiera deseado estrangularlo-. Por lo que parece, viniste
decidida a entretenerrne, y aunque no me gusta que me distraigan, debo
reconocer que tienes un aspecto fabuloso con ese vestido. Entenderás que quiera
saber por qué reaccionas de una manera tan melodramática a mi proposición.
Vanessa se dio la vuelta para enfrentarse a él.
-¿Así que lo admites?
-Sí, te deseo. Es sólo cuestión de tiempo -declaró Zac tranquilamente.
Vanessa se estremeció.
-Ya veo que cuando los halagos no funcionan pasas directamente a las amenazas.
-No te estoy amenazando. Nunca he tenido que amenazar a una mujer para acostarrne con ella.
Por supuesto. Con semejante atractivo, sería una tontería mostrarse modesto. Aquel
hombre, pensó con amargura, lo tenía todo: ***********///////********//////******-appeal, más dinero del que podría gastar en toda su vida y una mente privilegiada.
hombre, pensó con amargura, lo tenía todo: ***********///////********//////******-appeal, más dinero del que podría gastar en toda su vida y una mente privilegiada.
-¿Piensas que eres un ser especial, verdad? Te has creído que me iba a sentir tan halagada que me iba a arrojar a tus pies... Pues te diré que no eres muy diferente a los otros tipos que han ido detrás de mí.
Tengo mucha práctica en tratar con los de tu calaña, los conozco desde que cumplí catorce años...
Tengo mucha práctica en tratar con los de tu calaña, los conozco desde que cumplí catorce años...
-Me alegro de que nuestros caminos se hayan cruzado ahora que ya eres mayorcita -la interrumpió Zac cínicamente.
Ante aquel comentario, Vanessa saltó como una tigresa.
-Sé muy bien que para ti no soy nada mas que una muñequita tonta -replicó amargamente-.
Pues bien, señor Efron, le diré algo: no pienso ser el juguete de nadie. Si quieres entretenimiento, vete a la tienda y cómprate un tren de juguete.
Pues bien, señor Efron, le diré algo: no pienso ser el juguete de nadie. Si quieres entretenimiento, vete a la tienda y cómprate un tren de juguete.
-La verdad, no podía ni imaginarme que detrás de la fachada que presentas en público escondieras semejante falta de amor propio...
Vanessa se dio cuenta de que la situación se le iba de las manos, que le faltaban argumentos para enfrentarse a aquel hombre despiadado.
-¡No digas *******! -contraatacó nerviosa-. Sea cuales sean los errores que haya cometido en el pasado, te aseguro que no estoy dispuesta a repetirlos. Y ahora que ya lo sabes, abre esa maldita puerta y deja que me vaya.
-Si fuera tan fácil... -murmuró Zac sin dejar de mirarla.
Pero cuando Vanessa asió el pomo de nuevo, se encontró con que la puerta estaba abierta. Salió al fin, tan turbada y dolorida como si acabara de librar una terrible batalla.
Qué demonios le había pasado? Vanessa no dejaba de darle vueltas en la cabeza a lo sucedido mientras regresaba al apartamento bajo una fina lluvia que muy pronto la caló hasta los huesos. Estaba tan alterada
que casi agradeció su frescura.
que casi agradeció su frescura.
Algo había salido muy mal en aquel despacho. Zac había conseguido devolverle todos y cada uno de sus golpes; tal y como había ocurrido el día anterior, cuanto más furiosa se ponía ella, más frío y controlado parecía él. Aquel hombre tenía un autocontrol formidable.
Y sí, tenía que reconocer que se había comportado de forma melodramática. Se había desbocado como un caballo enloquecido, lanzando acusaciones que no tenía la menor intención de hacer, exponiendo ante su peor enemigo sus más íntimas inseguridades y temores.
Sin duda, todo aquello se debía a la tensión de los últimos días: la enfermedad de Leland, la mala prensa, la muerte de la madrina. La presión a la que estaba sometida la había hecho perder los papeles delante de aquel hombre implacable. ¡Falta de amor propio! ¿Cómo se había atrevido a decirle semejante
cosa?
cosa?
Una limusina se detuvo unos cuantos metros por delante de ella. Zac salió del interior y se quedó mirándola.
-¡Mira que andar de ese modo bajo la lluvia! ¡Vamos, métete en el coche!
Vanessa se detuvo, retirándose los mechones de pelo mojado de la cara.
-¡Vete al infierno! -le espetó desdeñosamente.
-¿Vas a ponerte a pedir socorro si te meto en el coche? -preguntó Zac impaciente.
Vanessa sintió que le traspasaba una oleada de rabia como nunca antes había sentido. Se plantó delante de él, con el vestido pegado al cuerpo, delineando cada una de sus fabulosas curvas.
Sabía que, aunque lo estaba deseando, Zac no haría el menor movimiento hacia ella.
-¿Por qué me estás siguiendo?
-No me hacen mucha gracia los trenes de juguete... demasiado tranquilos -admitió Zac.
-Pues a mí no me hacen ninguna gracia los tipos como tú, que piensan que me conocen mejor que yo misma.
Vanessa vio que él también se estaba empapando. Finas gotas de lluvia relucían en su pelo negro como el ébano. Por alguna razón misteriosa, le agradó que él se estuviera calando por su causa.
-Si lo que pretendes es que te diga que puedo cambiar, lo siento, no vaya hacerlo. Yo soy como soy -declaró Zac.
Sería muy tonta si no aprovechaba la oportunidad de que la llevaran a casa, se dijo Vanessa, sobre todo teniendo en cuenta que empezaba a sentir un poco de frío.
Disfrutando ante la perspectiva de dejarle asombrado, se subió en la limusina.
Disfrutando ante la perspectiva de dejarle asombrado, se subió en la limusina.
-Quería que te enfadaras para que me dejaras sola -le dijo en cuanto se pusieron en marcha.
-Entonces, ¿por qué no te mantuviste alejada? ¿Por qué te has metido en el coche? -preguntó
Zac implacable.
Zac implacable.
Por toda respuesta, Vanessa asió la manecilla de la puerta, pero antes de que pudiera salir del coche, Zac le asió la mano con fuerza para impedírselo.
-¿Acaso quieres suicidarte? -preguntó.
Ella se desasió con un gesto y se quedó acurrucada en silencio. Sabía que él tenía razón: ¿si realmente había querido evitarlo, por qué había subido al coche? Sin duda, no por algo tan trivial como la lluvia o la ropa mojada.
Desde el otro extremo del asiento, Zac extendió una mano amistosamente.
-Ven aquí.
Por toda respuesta, ella se acurrucó aún más en el rincón. No sabía qué le estaba pasando,
se sentía aterrorizada ante la oleada de sentimientos contradictorios que la presencia de aquel hombre despertaba en ella. Zac Efron era un peligro letal para una mujer como ella; lo único sensato era evitarle como si fuera una plaga.
se sentía aterrorizada ante la oleada de sentimientos contradictorios que la presencia de aquel hombre despertaba en ella. Zac Efron era un peligro letal para una mujer como ella; lo único sensato era evitarle como si fuera una plaga.
Con un largo suspiro, Zac se despojó de la chaqueta, y, sin más preámbulos, la asió
por la mano y la atrajo hacia sí. Vanessa se debatió con furia para desasirse
de su abrazo.
por la mano y la atrajo hacia sí. Vanessa se debatió con furia para desasirse
de su abrazo.
-¡Déjame! ¿Qué haces...?
-¡Estáte quieta! -tronó Zac; al tiempo que la soltaba extendió los brazos, como para demostrarle que no llevaba ningún arma escondida-. No aguanto a las mujeres histéricas.
-No... yo no... no lo soy -musitó Vanessa avergonzada mientras él le colocaba la chaqueta por encima de los hombros. Aún notaba el calor y el aroma de su cuerpo en la suave y cálida tela. Era un olor nítido y masculino, con una pizca de limón. Agachó la cabeza y aspiró profundamente, sorprendiéndose ante lo que la conmovía aquel gesto.
-Eres tan testaruda como mis caballos de carreras: cada vez que me acerco, tú te alejas.
-Ayer no lo hice -replicó Vanessa ácidamente.
-No tuviste oportunidad de hacerlo -dijo Zac con toda intención. Alargó las manos y asió las mangas de la chaqueta, tirando de ese modo de ella.
-¡No! -suplicó Vanessa con los ojos muy abiertos. Para su desesperación, lo único que podía
hacer era extender las manos hacia su pecho.
hacer era extender las manos hacia su pecho.
-Sólo te soltaré si me das un beso -le advirtió Zac juguetonamente.
Sólo tocarlo por encima de la camisa le resultaba ya tan íntimo, que Vanessa sintió que un escalofrío de culpabilidad le recorría la espina dorsal. Notó los remolinos de vello por debajo de la tela, y se sintió absurdamente excitada. Solía trabajar con modelos que se afeitaban el torso, y, por contraste, sentía un
irreprimible deseo de desabrocharle la camisa.
irreprimible deseo de desabrocharle la camisa.
-Pareces un niño al que le han pillado en falta -le interrumpió Zac con una sonrisa perezosa.
Aquel gesto tuvo el poder de dejarla paralizada, como hipnotizada de nuevo.
Fascinada, era incapaz de apartar la vista de aquellas increíbles pestañas sedosas y de la firme línea de su mandíbula.
-No me convienes en absoluto -dijo, presa del pánico.
-Demuéstralo -replicó Zac con aquella voz de terciopelo que parecía una caricia. Le pasó la mano por el cabello, deteniéndose en la curva de la nuca-. Demuéstrame por qué no te convengo.
Era tan atractivo que Vanessa no podía pensar con claridad. El corazón le latía a tal velocidad que parecía que se le iba a salir del pecho. Sintió una oleada de creciente excitación recorrer su cuerpo. Se ruborizó al darse cuenta de cómo Zac miraba sus pechos, erguidos bajo la tirante tela del vestido.
Lentamente él deslizó las manos por su espalda, y se agachó hacia ella, pero en vez de besarle en la boca, lo hizo en uno de sus pezones. Sorprendida, Vanessa arqueó el cuello y gimió incoherentemente.
Zac levantó la cabeza y se la quedó mirando con una expresión salvaje.
-Casi duele desear esto tanto -dijo-. No creo que conocieras esta sensación... pero ahora sí.
Vanessa se echó a temblar; el puro miedo se enroscaba en su interior como una serpiente. Zac estaba jugando con ella, valiéndose para ello de su increíble atractivo.
-¡No me toques! -exclamó, y antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, le cruzó la cara de una bofetada. Zac le asió la mano con un gesto y volvió a sonreírle.
-Ya veo que la frustración te altera mucho -dijo, y sin dejar de mirarla se llevó la mano a los labios primero, y se agachó para besarla después.
Nunca antes la había besado de aquel modo. Automáticamente respondió con la misma ansia al llamado de aquella boca devoradora y sensual. Se aferró a Zac, odiándose a la vez por el deseo que crecía dentro de ella.
De repente, todo acabó.
jajajaja byeee :P
